Ciertamente dije en todo este copado tiempo durante el lapso-preludio de las cosas y mis cosas que siempre existe y existirá sempiternamente un oportuno pretexto, no para desternillarse, sino tan solo para sonreir. Parecía que lo entendía, pero me han hecho dar cuenta de que no lo ejercía.
Hay que emanar esa acción humana maravillosa de un modo más continuo, porque de qué puede valer la más brillante teoría si es que no se practica.
Sonríe. Sonríe mucho...
No hay comentarios:
Publicar un comentario