Una teodicea es la tentativa de encontrar un motivo para las cosas desagradables de la vida. Tal y como su nombre indica, las teodiceas suelen apelar a Dios, cuyos caminos son insondables, nos pone a prueba, nos dio libre albedrío, etcétera. Pero también existen las que podríamos considerar teodiceas ateas, de las cuales talvez la más famosa sea la de Nietzsche, que veía el dolor y el sufrimiento como medios necesarios para hacernos más fuertes. Todas las teodiceas son, a fin de cuentas, actos de fe, y lo son porque todas ellas entrañan, explícita o implícitamente, la idea de que la vida tiene una finalidad o propósito. La vida tiene un sentido, y el objetivo de la teodicea consiste en identificar dónde [dentro de ese contexto] hay que situar el medio, el dolor y el sufrimiento. Una de las cosas más difíciles de hacer es no sólo aprender que la vida no tiene sentido, sino aprender por qué la idea de que lo tiene [o debería tenerlo] nos aleja de lo que es realmente importante.
No intento justificar el dolor y el sufrimiento, ni tampoco ofrecer una teodicea. La vida no tiene sentido, al menos no como suele entenderlo la gente, de manera que el dolor y el sufrimiento no contribuyen a crear ese sentido.
Finalmente, la felicidad no es un sentimiento: es una forma de ser. Si nos centramos en los sentimientos, nos perderemos lo esencial. Recuerda: a veces los momentos más desagradables de nuestra vida son los más valiosos. Particularmente, me quedan muchos momentos desagradables por vivir.
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